Woody Allen ya tiene un presente cantado

El genial neoyorquino habla de "Todos dicen te quiero", film que vuelve al género en el que se fundó el mito de Hollywood

Ian Spelling (Traducción de Zoraida J. Valcárcel)

11 de junio de 1997

NUEVA YORK (Page Up, The New York Time Syndicate).- A casi cuatro décadas del fin del cine musical estilo Hollywood tal como lo conocimos, esas fantasías delirantes cuyos personajes rompían a cantar y bailar con cualquier pretexto, nos llega "Everyone Says I Love You" ("Todos dicen te quiero"), un musical que se atreve a todo y que mañana estrena Líder en las salas porteñas.

El responsable es, sin duda, el sospechoso más insólito: ese intelectual de 60 años centrado en Manhattan, ese aspirante a émulo de Ingmar Bergman llamado Woody Allen.

-¿Qué está pasando?...

-Hace años que quería hacer un film musical, una comedia romántica donde la gente cante-, explica Allen durante una entrevista en un hotel de Manhattan. El guionista/director/actor es un interlocutor amable, tranquilo y locuaz, que en nada se parece a los personajes tímidos y torpes que encarna en la pantalla.

Pero..., ¿sabe cantar? Allen desecha la pregunta, ya se refiera a él o al resto de su reparto. "No me importaba si podían cantar o no -confiesa-. No quería que abrieran la boca y emitieran esas voces brillantes, educadas, a lo Jeanette McDonald o Nelson Eddy, que siempre me parecieron carentes de sentimiento. Técnicamente, eran perfectos, pero yo quería hacer un musical en el que gente como usted y como yo pudiese cantar dejándose llevar por sus sentimientos."

Allen formó el reparto tal como lo haría para cualquier otra película: simplemente buscó al actor adecuado para cada papel. Nunca les dijo, ni a ellos ni a sus representantes, que les vendría bien tener cierta experiencia en el canto y la danza.

"Si eran buenos actores y actrices, los contrataba", dice. A las dos semanas, Dick Hyman, el director musical, los llamó y les anunció que tendrían que aprender sus canciones. "La mayoría dijo no saber cantar ni bailar. Dick replicó que eso era precisamente lo que yo quería; me daba lo mismo que supieran hacerlo o no. Les pidió que actuaran, actuaran y actuaran con naturalidad; el canto vendría después, como una prolongación de eso. Siempre quise hacer un film así y ver qué salía."

Allen es Joe, el protagonista, padre divorciado de DJ (Natasha Lyonne) y ex marido de Steffi (Goldie Hawn), actual esposa de Bob (Alan Alda). Joe tiene mala suerte en sus relaciones, pero eso no le impide perseguir a la malcasada Von (Julia Roberts).

Steffi y Bob tienen dos hijos: Scott (Lukas Haas), inexplicablemente conservador, y Skylar (Drew Barrymore), comprometida con el afable Holden (Edward Norton) pero atraída por Charles (Tim Roth), un criminal un tanto lujuriso, recién salido de la cárcel. Allen sigue a estos personajes durante un año, en aventuras que los llevan desde Manhattan hasta París y Venecia.

"La trama se complicó bastante, por pura casualidad -señala Woody-. Cuando empecé a rastrear las hazañas románticas de los personajes, el guión se escribió por sí solo."

En su primera versión tentativa, el film era tan largo (200 minutos) que Allen se vio obligado a suprimir secuencias musicales enteras y líneas argumentales. "Originariamente, Tracey Ullman era la ex exposa de Alan Alda y Liv Tyler era la amiga de Lukas Haas, pero el tiempo no daba para tanto explica Allen. Más valía quitar pasajes enteros que hacer pequeños recortes aquí y allá, arruinándolo todo. Eso me destrozó el corazón.

Everyone... es un film audaz y experimental. ¿El experimento salió bien? Ni el mismísimo Allen quiere opinar al respecto. Alega ser un mal juez en ese terreno. Cuando terminó Manhattan (1979), que hoy es considerada una de sus obras maestras, se sintió tan humillado que, para impedir su estreno, le propuso a United Artists comprarle la película y hacer otra, gratis.

Trabajo lo mejor que puedo

En cuanto a su nuevo film, expresa: Podría decirle que me parece bueno o malo, pero eso no parece tener relación alguna con lo que el público o los críticos piensen. Obtuve el film que deseaba hacer. Ni por un segundo sería tan presuntuoso como para decir: «Esto funciona; si ustedes, muchachos, no lo captan es porque están chiflados». Por lo que sé, el público podría quedarse ahí sentado, paralizado por el tedio. Me limito a trabajar lo mejor que puedo y esperar que la gente pase un buen rato.

En estos momentos, ¡por fin!, el público parece ir perdiendo interés por la vida privada de Woody Allen. El y su ex esposa, Mia Farrow, ya no dan pasto a los titulares de los tabloides con sus disputas personales y sus batallas por la custodia de los hijos. Allen ve a su hijo biológico, Satchel, en visitas supervisadas y aún sale con Soon-Yi Previn, la hija adoptiva de Farrow. Soon-Yi y Mia siguen malquistadas.

Desde el punto de vista personal, es un gran placer poder llevar mi vida normal, retraída y tranquila dice Allen. Aquéllos fueron tiempos muy penosos y desagradables. No me gusta hacer demasiada prensa, pero tuve que hacerla porque estaban involucrados mis hijos. Fue muy, pero muy doloroso para mí, subir la escalinata de un tribunal y hablar con enjambres de periodistas, cosa que no acostumbro hacer a menudo, ni aun para hablarles de mis películas.

Allen sigue tocando el clarinete en Michael's Pub, Manhattan, los lunes por la noche. Hasta hizo una breve gira por Europa, con su banda, ocupando los titulares de los diarios. Allen, el cineasta, es reverenciado en varios países europeos, sobre todo en Francia. La documentalista Barbara Kopple filmó la experiencia.

Fue cómica, lo más divertido que se haya visto jamás recuerda Woody. Yo, un clarinetista de jazz absolutamente mediocre, que ha armado una banda de aficionados con la misma despreocupación con que un tipo va a jugar al golf los fines de semana, fui a Europa y me encontré tocando en todos esos grandes teatros líricos y salas de conciertos.

En todas las funciones, se agotaron las entradas. Centenares de personas se agolpaban frente a mi hotel; la gente me recibía en el aeropuerto. Si hubiese ido como actor, en el apogeo de mi carrera, no habría reunido a una décima parte de ese público.

El próximo

De regreso en Manhattan, ya trabaja en un nuevo film: Deconstructing Harry (Deconstruyendo a Harry). Como siempre, ha convocado a una lista deslumbrante de actores talentosos: Kirstie Alley, Judy Davis, Demi Moore, Julia Louis-Dreyfus, Amy Irving, Robin Williams, Richard Benjamin, Judd Hirsch, Elisabeth Shue, Mariel Hemingway...

Es una comedia, en el mismo sentido en que lo fue «Husbands and Wives» (1992), señala . Una vez más, soy el protagonista, pero, créame, no quería serlo. Traté de reclutar a otros actores y, por una razón u otra, no lo conseguí. Cuando ya llevaba una semana de rodaje, llamé al representante de Gene Hackman para ver si estaba disponible, pero había firmado contrato para hacer otra película.

Todavía no sabe cuál será su próximo film, pero sí sabe que habrá otros en un futuro previsible. Esto nada tiene de sorprendente; salvo contadas excepciones, Allen ha dirigido un film por año durante más de dos décadas: desde 1975, lleva hechos 22.

Me siento lo bastante joven y sano como para seguir trabajando afirma, aludiendo a su prolífico ritmo de vida. Hacer una película es un trabajo arduo. Mañana, estaré en el estudio a las 7 y me pasaré el día filmando. Es mucho trabajo, pero ahora tengo el vigor físico para hacerlo. Lamentaría que un día, a los 75 años, no consiga los fondos o no pueda levantarme de la silla de ruedas para rodar una película que podría haber filmado hoy.

Y concluye: Simplemente, me siento compelido a filmar mientras tenga oportunidad de hacerlo.

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