"Sueño con conocer la Argentina"

La Nación se entrevistó en forma exclusiva con el director de "Los Secretos de Harry", que viajó a la capital francesa para presentar su nuevo film, "Celebrity", con un gran elenco encabezado por Kenneth Branagh.

Por Graciela Iglesias (Corresponsal en Europa)

27 de diciembre de 1998

PARIS.- Más allá de su condición de "premilenio", si hay algo que tornará a 1999 en un año digno de ser recibido con aplausos es que en su trayecto millones de personas alrededor del mundo disfrutarán de la película "Celebrity" ("Celebridad").

A pesar de su título, el atractivo de esta película no descansa en el número de personas famosas que desfilan por ella, sino en el matrimonio artístico de dos de los más talentosos realizadores de este fin de siglo: Woody Allen y Kenneth Branagh.

La película, escrita y dirigida por el genio de "Annie Hall", es una crónica de la sociedad neoyorquina actual obsesionada por conseguir -lo más rápido posible- los "5 minutos de fama" que Andy Warhol predijo para todos. La historia en sí misma, sin embargo, se desarrolla a través de un desconocido escritor (Kenneth Branagh) que al llegar a los 40 años se siente frustrado por la normalidad de su existencia, decide divorciarse de su mujer (una maestra acosada por su crianza católica, que interpreta en forma desopilante Judy Davis) y lanzarse a la búsqueda de placeres sexuales, románticos y artísticos que jamás logra satisfacer del todo.

El personaje ha sido moldeado -totalmente adrede- sobre la misma figura pública de Woody Allen, ese tipo común que arranca risas con sus conflictos personales, inteligente, pero esencialmente mediocre, que no logra armarse de coraje para decir lo que piensa, y cuando lo hace, recoge resultados negativos.

Uno de los grandes placeres de esta película es ver al británico Branagh transformarse en el álter ego del neoyorquino Allen sin parecer en momento alguno fuera de lugar.

La Nación tuvo ocasión de conversar de todo esto con Allen y Branagh, en entrevistas exclusivas y por separado, en una sala del tercer piso del hotel Ritz, de París, último punto de la maratón de una semana de promociones en el continente europeo.

"Mi soñada Argentina"

Si hay algo de lo que hicieron gala las dos estrellas fue de su sencillez. El realizador de "Hamlet", catalogado por muchos como el nuevo Laurence Olivier, no cayó en ninguno de los manierismos esperados de un divo de la Royal Shakespeare Company. Vestido con un traje azul a rayas de Ermenegildo Zegna que acababa de comprar "en un acto más de necesidad que de buen gusto", contestó todas las preguntas con una franqueza rayana en la publicidad negativa.

Una persistente gripe no impidió tampoco a Allen, de 63 años, expresar su entusiasmo por charlar con alguien de la Argentina. "Un país que sueño con conocer desde que me enteré de que "Los Secretos de Harry" recaudó allí más que "Godzilla" -sostuvo, aunque las cifras reales de la taquilla no lo confirmen-. El problema que tengo con la Argentina es que queda muy lejos, y justamente a raíz de mi fama, no viajo más en aviones de línea, lo que significa que tengo que alquilar jets privados, y si las distancias son muy largas, uno llega muerto de cansancio."

"Celebridad", filmada como la antológica "Manhattan" en estricto blanco y negro, explora todos los rincones notables de su hogareña Nueva York, como el hotel Stanhope, la galería Serge Sorokko de Soho y el restaurante Jean-Georges, lugar de encuentro de la elite local.

La filmación tuvo también lugar en el hotel Trump Marina y en el Casino de Atlantic City, cuyo propietario, el multimillonario Donald Trump, pidió, a cambio de su autorización, incursionar en la película. "A los actores siempre los invito a improvisar porque me parece que eso contribuye a darles una vena de realismo a mis obras -explicó Allen a La Nación-, pero en el caso de Trump, como no es un profesional, le exigí que se atuviera a las líneas en forma estricta, y lo hizo sin decir ni "pío"."

Otro logro de Allen es haber escogido a Leonado DiCaprio -siete meses antes de que saltara a la fama con "Titanic"- para el papel de un joven actor envanecido por el estrellato.

"Fue pura buena suerte. Como todos saben, yo soy buen amigo de Diane Keaton (N. de la R.: su mujer y principal actriz durante casi una década) y ella me sugirió ir a ver a Leonardo en "Secretos simples". Me pareció un actor brillante y cuando vi su nombre en la lista de candidatos le dije a mi productor que lo llamara de inmediato. Cuando filmamos no tenía la menor idea de que se transformaría en alguien tan exitoso -comentó Allen-. Y antes de que me lo pregunte, le digo que Leonardo es un chico dulce y encantador que nada tiene que ver con el engrupido que tuvo que interpretar para mí."

En su 27º film, Allen sumó a Melanie Griffith a su familia de actores (en el papel de una estrella interesada sólo en su cuerpo), así como a Winona Ryder (el sueño inalcanzable de Branagh), Bebe Neuwirth (una prostituta) y Charlie Theron (una supermodelo). Tony Gardella, con quien no trabajaba desde "Alice" en 1990, torna creíble el personaje de un productor televisivo sereno y maduro.

¿Pero cómo se produjo el encuentro entre dos colosos como Allen y Branagh? "Yo venía siguiendo la carrera de Kenneth como cualquier admirador, pero fue verlo en el papel de un abogado sureño en "The Gingerbread man", de Robert Altman, lo que me convenció de que podía meterse muy bien en la piel de un norteamericano -explicó Woody-. Yo ya no tengo edad para actuar el personaje y, de todas formas, no creo que lo habría hecho con la profundidad que Kenneth logró darle. Yo nunca fui un actor, sino un comediante. Mis posibilidades son mucho más limitadas.

"Busqué a un europeo para actuar a un neoyorquino porque, desgraciadamente, los actores en nuestro país se dividen básicamente en dos, los duros como John Wayne o los bonitos como Tom Cruise. Con esto no quiero criticar ni a uno ni a otro -aclaró-. Lo que quiero decir es que es difícil encontrar a un actor capaz de hacer reir y de ponerse en el lugar de un tipo común convenciendo al público de que podría ser su hermano, su marido o su abogado."

Para Branagh, con 38 años cumplidos hace una semana, el desafío fue mayúsculo. "No fue sólo cuestión de hacer un acento, sino de comprender a fondo una cultura que para mí es totalmente extraña. Y si bien es cierto que el personaje es un poco el álter ego de Woody, no me limité a imitarlo -expresó-. Como se trata de un periodista, consulté a muchos de sus colegas en diarios y me interesé por averiguar cuánto ganan, de modo de saber si eso podría tener cierto impacto en su inestabilidad emocional.

"Woody me pidió que tratara de expresarme como él lo hacía en sus películas de los años 70 y 80, pero jamás me pidió que lo copiara. Es cierto que un día propuse que el personaje vistiera jeans y me increpó: "¡Pero yo nunca lo hice!" Eso fue sólo una indicación, y de no ser por alguna que otra corrección de mi dicción, Woody me dejo fabricar el personaje libremente. No fue nada fácil. Para serle sincero -confesó-, fue mucho más difícil que "Hamlet"."

Pasión por el blanco y negro

Más allá de "Celebrity", lo que Woody promete volver a hacer es apelar al blanco y negro. "Yo haría así todas mis películas. No porque transmitan un mensaje en particular, sino porque creo que salen mucho más lindas -aseguró con poca convincente simplicidad-. El problema es que ahora hay pocos laboratorios en el mundo que las revelen, lo que las torna costosas y siempre se corre el riesgo de que se arruinen con el manoseo de un lado a otro, lo que demora muchísimo las cosas."

Por eso, el próximo proyecto de Woody, irónicamente la historia de un cantante de jazz de los años 30, será filmada en technicolor.

En su próximo trabajo como realizador, Branagh también rondará la década decadente. "Será mi primer musical, lo que me tiene bastante nervioso -comentó-. Se trata de una obra poco conocida de Shakespeare, "El perdido trabajo del amor", que decidimos trasladar a los años 30. La adaptación corrió por mi cuenta y al principio pensaba escribir también las canciones, pero gracias a Dios pronto desistí. Utilizaremos clásicos de Gershwin y Cole Porter."

Branagh también será protagonista de la película "Alien Love Triangle", de Danny Boyle ("Trainspotting"), en la que interpreta a un científico que logra viajar a años luz para descubrir que su esposa durante 10 años es un extraterreste varón que adquirió cuerpo de mujer a la espera de que él encontrara la clave para regresar a su planeta. Y como para hacer su carrera aún más ecléctica, participará también en la puesta cinematográfica de la clásica serie televisiva "JimWest": "Wild, Wild West".

A pesar de su amplitud artística, Branagh asegura no padecer aún los golpes de la fama. "La gente me reconoce, pero no puedo decir que me sienta acosado.

"Vivo en Londres, pero como las pocas veces que fui a una fiesta fue en Los Angeles, muchos creen que me instalé allí. Hasta mis amigos suelen saludarme diciéndome: "¡Qué bueno que estás de vuelta!", cuando en realidad nunca me fui."

"La fama no me hizo mal"

Más extraño aún es que Allen -sobreviviente del turbulento divorcio de Mia Farrow, y cumpliendo justamente hoy su primer aniversario de casado con la que fue su hija adoptiva- tampoco tenga cuentas que saldar con la notoriedad.

"Cuando la prensa se mete en tu vida privada y escribe cosas que no son ciertas no es agradable. Pero esto no es más que una molestia, un contratiempo -aseguró-. La fama da muchos privilegios. Uno gana un salario desproporcionado con lo que merece, consigue reservaciones en los restaurantes de moda, hace que un médico venga a verte en medio del fin de semana sin la más mínima queja y hasta que la policía te pare por una infracción y se conforme con un autógrafo.

"El problema actual de la celebridad es que cualquiera quiere tenerla. No hay mozo o taxista en Manhattan que no venga corriendo a mostrarte un libreto seguros de que es lo mejor que se ha escrito en el planeta. No hay abogado o dentista que no tenga su programa de televisión. Fred Astaire y Barbra Streissand merecen ser famosos por su talento. ¿Pero cómo se explica que un tipo que fue tomado como rehén en Bosnia haya regresado a los Estados Unidos para convertirse en una celebridad, capaz de escribir un libro de sus experiencias y aparecer en todos los canales de televisión? ¿Cuál fue su mérito, más allá de haberse hecho capturar?

"Los Don Nadie que alcanzan así el estrellato son miembros de lo que yo llamo una "aristocracia trivial". No ofrecen nada a la sociedad. Yo entiendo lo que es agonizar por reconocimiento, porque es lo que me ocurrió a mí cuando era adolescente -advirtió Woody-. Pero cuando uno crece se da cuenta de que hay que trabajar duro para alcanzar algo que valga la pena. El problema es que ahora basta con que diga cualquier cosa para que la gente se ría." La Nación fue testigo de esto durante un conferencia de prensa en la que Allen provocó una enorme carcajada de los colegas franceses con sólo disculparse por no poder hablar en voz alta a raíz de su gripe.

"Ahora la gente se ríe mientras está comprando la entrada del cine, y eso no puede estar bien. No voy, sin embargo, a quejarme de mi suerte. La fama trae muchas recompensas. A esta altura de mi vida tengo ganas de convertirme un poco en un "viejo hombre de Estado del cine" capaz de advertirle a la sociedad de sus peligros -dijo en tono de broma-. Pero la fama es linda. Tiene sus momentos negativos, pero no es como tener un tumor que ponga en riesgo tu vida."

Su argumento perdió algo de fuerza al recordársele el caso de John Lennon. "Sí, es cierto, la gente adora a sus ídolos, pero a veces también los odia -admitió-. Lo de John fue especialmente terrible para mí, porque en "Recuerdos" puse una escena en la que alguien venía a pedirme un autógrafo para después pegarme un tiro. Seis meses más tarde John fue asesinado, y desde entonces me pregunto si no habré puesto yo la idea en la cabeza de Chapman", concluyó.

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